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SAN
LEONARDO:
Contribución a los Caminos Sorianos en el Año Santo Compostelano 2010
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En la mente se van acumulando innumerables datos, percepciones llegadas a través de nuestros propios sentidos, códigos que tomarán forma al recordarlos. Tal realismo, sin metáforas, aparta cualquier sugerencia que provenga de parecer ajeno. Vivir el camino compostelano representaba, y representa aún hoy día, conocer culturas, tradiciones, leyendas, mitos, sillares de granito, tan semejantes en la composición y tan distintos y bellos en los estilos.
Y, como en todo camino, iban quedando las huellas del tiempo
y del caminante, vías por las que la fe y la devoción a Santiago
unieron los pueblos más distantes de
Estas rutas, a veces improvisadas, suponían un esfuerzo y un enorme sacrificio y solían ir, además, acompañados de profundos dolores, daños que los peregrinos aceptaban con resignación interpretando en ello la purificación del espíritu. Para llegar a Santiago los caminos surgían desde cualquier lugar, casi de modo espontáneo. Con frecuencia se olvidaban las dificultades del itinerario, las irregularidades del terreno, accidentes geográficos, climatología, el peligro de asaltadores de caminos, el ataque de posibles animales, el riesgo de enfermedades, etc. Otros, más previsores, conscientes de los riesgos, emprendían la aventura tras haber dejado firmada la herencia ante la inseguridad de volver. Si bien en la mente del devoto sólo aparecía una idea: Llegar a Santiago.
Con la reforma del Cluny el rito romano sustituyó al visigodo y ocupó, de manera fulgurante, las parcelas de éste. En pocos años las tierras hispánicas ya habían asumido las directrices de la orden más poderosa, en cuyos esquemas aparecía, como prioritario, la convergencia de tanta diversidad conceptual.
De todos es conocido que el Año Santo Compostelano, o Año Jubilar 2010, se instaura temporalmente en 1119, por el pontífice Calixto II y que Alejandro III lo ratifica en 1179, según bula Regis Aeterni, quedó instituido, de forma definitiva, que todos los años en que la festividad de Santiago (25 de julio) caiga en domingo será Año Santo. De este siglo XXI el primer Año Santo aconteció en 2004 y el último tendrá lugar en el año 2094. Ahora nos corresponde, con todo rigor, identificar los caminos Jacobeos a su paso por Soria y su provincia. En este empeño, cual peregrinos recorramos: Camino Real
Soriano.- Se conoce por
este nombre la vía que, procedente de Sagunto, pasa por Teruel,
Calatayud, Soria, San Leonardo, Silos, Covarrubias y, poco
después llega a Burgos, siguiendo casi el trazado de la actual
carretera Nacional núm. 234 (Sagunto-Burgos). Por ella se dirigían a
Santiago peregrinos de Levante, Bajo Aragón y zonas castellanas.
Testimonios que avalan el hecho corresponden a las cruces camineras
levantadas a lo largo del recorrido. Una de ellas, en el mismo
Navaleno, en el cruce con el Camino de Canicosa. Otra se puede
admirar, en Siguiendo el Camino Real Soriano, a escasos kilómetros de San Leonardo, en el término de Hontoria del Pinar (Burgos) y a la orilla del camino, aparece parte de un cenobio o pequeña iglesia de estilo románico. El paraje y la propia edificación se la conoce por San Julián. La edificación anexa a esta iglesia, (ventanas y puertas con sillares de piedra arenisca) presenta una buena conservación constructiva. Este edificio fue una de las «Casa de Postas» que atendía al servicio regular de pasajeros entre Soria y Burgos. En el GR-86 -BU aparece la información de Camino Real Soriano que le dirige a Aldea del Pinar y desde aquí sigue hacia Rabanera del Pinar ... a Santo Domingo de Silos y Burgos. No es preciso esclarecer la influencia que ejercía el lugar de Santo Domingo de Silos en torno al Camino de Santiago. En el claustro de este monasterio aparece un relieve que representa a Cristo como peregrino, lo que constituye en palabras de Serafín Moralejo, el «testimonio más elocuente» de lo que significó este lugar en torno a las peregrinaciones a la ciudad del Apóstol. Silos, visita obligada en la peregrinación, enlazaría con el mismo Camino de Santiago a través de una vía que partiera desde el monasterio. La imagen de Cristo peregrino en el monasterio de Silos manifiesta la voluntad de dicho centro por «vincularse al culto y cultura de las peregrinaciones», quizás para inscribir en su propio circuito el culto a Santo Domingo de cuyos milagros, ya en vida, se hace eco el mismo Gonzalo de Berceo.
- Camino Castellano-Aragonés.- Sin lugar a duda, otro de los caminos fue el del Cañón del Río Lobos. Este paso natural que comunica la vega del río Ucero con el Alfoz de Lara de Burgos, tenía una fuerza estratégica y probablemente se utilizara como ramal del «camino Castellano-Aragonés» hacia Santiago de Compostela tal como se deduce de las investigaciones llevadas a cabo por Lorenzo Daillez. Este mismo erudito afirma de cómo utilizaron este camino catalanes, aragoneses y castellanos, uso que se fue consolidando a medida que iban surgiendo las fundaciones hospitalarias.
Otros datos más sugieren que este Cañón del Río Lobos, con la
ermita de San Bartolomé sirvió de paso a numerosos peregrinos.
Además de la calzada romana identificada por Taracena, testimonian
el hecho el crismón tallado en uno de los canecillos y que
corresponde a una de las cofradías de constructores o canteros que
han dejado esta marca a lo largo del «Camino de Santiago»
francés. Tales agrupaciones las protegía la orden del Temple.
Sirva también de testimonio de paso hacia Compostela
Pero ciñéndonos al Camino Castellano-Aragonés, éste unía
Zaragoza con Tarazona, Soria y Calatañazor; desde aquí partían dos
ramales: uno en dirección a Burgos, pasando por Muriel de
Finalmente un hecho concluyente: El hospital de San
Leonardo.- Como nota
aclaratoria y así evitar confusiones en los lectores,
acéptenme, sintetizadas, unas apreciaciones: En esta convergencia de
numerosos caminos, donde hoy se levanta el pueblo de San Leonardo,
en otros tiempos, estaba situada una aduana que controlaba,
principalmente, las mercancías procedentes de Aragón y Cataluña.
Además de productos, el número de peregrinos que llegaban hasta
aquí, camino de Santiago, era tan elevado que el propio Rey Alfonso
VIII, comprometido en el apoyo a los necesitados, decidió levantar
un hospital y así atender a cuantos por aquí transitasen. A
este hospital se
le dio el nombre de San Leonardo.
El siguiente paso, de modo lógico, sucede, que a la vera, tanto de la aduana como del hospital, se asientan comerciantes y mercaderes, dando con ello origen a una población que recibe el nombre de «burgo de San Leonardo». Y a partir de aquí, creo, que las dudas, si las había, han desaparecido.
Este hospital vinculado a la política hospitalaria del Rey
Alfonso VIII (1158-1214) se levanta en el siglo XII, como obra de la
familia Pardo. Precisaremos que Fernando Pardo había alcanzado un
enorme prestigio por la creación y acertado desarrollo del
hospital de Valdefuentes, (*) no lejos del monasterio de San
Juan de Ortega, por tierras de Villafranca de Montes de Oca
(Burgos). De aquel hospital de Valdefuentes, establecimiento
asistencial del Camino Francés del Camino de Santiago sólo
quedan algunos restos.
La familia Pardo: Fernando, Sancho, Domingo y otros figuran al frente del hospital de San Leonardo, donde vivían juntos por el año 1173. Por una carta de privilegio rodado de Alfonso VIII, fechada en Maderuelo en 1173, descubrimos el propósito del Monarca castellano de subvencionar al hospital de San Leonardo y de indemnizar a los hermanos Pardo de los costes de la obra realizada, cediéndoles una porción de rentas reales por el sistema de «donación». Tal donación, con carácter de pro indiviso favorece por igual tanto al hospital como a los hermanos Pardo. Así pasa a éstos «la villa llamada de Arganza con sus montes, pastos, riberas, molinos, tierras de cultivo y sin cultivar y con todos sus términos y pertenencias...» Entre otros firmantes de la donación aparece Don Juan, Obispo de Osma. Poco después, el mismo Rey Alfonso VIII, año 1174, corrobora de nuevo la entrega de la villa de Arganza al hospital de San Leonardo.
San Leonardo y Valdefuentes: Una empresa hospitalaria
común.- Al pasar, como
donación, la villa de Arganza al hospital de San Leonardo y sus
fundadores, Fernando Pardo pudo convertir ambos hospitales -Valdefuentes
y San Leonardo- en una empresa común a cuyo frente y como
responsable de la misma, aparece Fernando, persona cercana y
valedora ante la corte. Así Fernando Pardo, en 1176, vio cómo el
propio Rey le donaba
Valdefuentes, San Leonardo, Arganza y Cañicera y al tiempo obtenía
del mismo Alfonso VIII, que los ganados de Valdefuentes y San
Leonardo pudieran pastar en los montes y tierras reservados a los
ganados del Rey. El hospital de San Leonardo pasa al monasterio de San Pedro de Arlanza.- Llegábamos al año 1193 y Alfonso VIII entregaba al monasterio de San Pedro de Arlanza, la iglesia y hospital de San Leonardo con las propiedades que tuvieran en casas, hornos, molinos, huertos, pastos, montes y fuentes... «dono monasterio Sancti Petri de Arlança regaliter el concedo ecclesiam Sancti Leonardi cum suo hospitali et omnibus pertinenciis suis, cum casis, furnis, molendinis, ortis, montibus, fontibus, pascuis, culto rt inculto, ingresibus et egresibus» Aldefonsi, Regis Castelle et Toleti. CXXVIII- 1 abril 1193- Serrano, L.: Cartulario de San Pedro de Arlanza, Madrid, 1925, 234. Alfonso VIII, junto con el hospital había hecho donación real y concedido al monasterio de San Pedro de Arlanza, en 1193, la iglesia de San Leonardo. Con ello San Leonardo se convertiría de villa de realengo en villa abacial y priorato benedictino de San Pedro de Arlanza (Real Abadía de San Pedro de Arlanza). En adelante los monjes benedictinos se encargarían de la parroquia de San Leonardo y de Arganza hasta la exclaustración en 1835.
Al llegar al año 1213, Alfonso VIII donaba al abad de
Arlanza, D. Pedro Rodríguez, San Leonardo, con el nombre de «burgo
de San Leonardo» junto con Arganza, Casarejos, Vadillo y otros. En
este mismo año, a la vera del Camino de Santiago, en Burgos, el
propio rey funda el que se conoce como Hospital del Rey. El
monarca, con la firme voluntad de ayudar a su construcci Y, en un mundo de verdadera coincidencia, en 1234 el hospital de Valdefuentes, junto con sus propiedades en Moncalvillo y Colina, se integraron también en el Hospital del Rey.
Otro signo más de de la importancia de San Leonardo en el
Camino de Santiago y la permanencia regular en los tiempos se puede
constatar, precisamente, en la piedra fundacional del Castillo de
San Leonardo, donde aparecen a ambos lados de dicha piedra, en
relieve y en hermosa talla una concha o vieira. Esta fortaleza se
levantó en 1570 bajo unos conceptos muy
genuinos en su traza y el innovador estilo abaluartado. Su
propio artífice, Juan Manrique de Lara, Caballero de
Pero -una profunda evocación- aquel hospital de San Leonardo, nacido al amparo y protección real, plasmó en sus sillares la impronta de una sólida institución. Cada una de sus estancias se concibieron para servir de ayuda y bienestar a cuantos llamaran a sus puertas: Hombres rudos pero honestos, gentes llegadas de las más lejanas tierras, caminantes de todo tipo y condición social, eruditos, ingeniosos, poetas, comediantes, músicos, rapsodas, trovadores, sanadores, juglares... y así hasta un número infinito de profesiones; mas todos, absolutamente todos peregrinos, en cuyo espíritu se confundían las ambiciones con las ilusiones a la luz de una meta preclara: Santiago y Compostela.
(*) Hospital de Valdefuentes.-
Está
situado en la provincia de Burgos, cercano a Galarde, pequeña
población, perteneciente al municipio de Arlanzón. Fundado en el
siglo XII, tan importante obra de beneficencia, como centro de ayuda
al Camino Francés de Santiago de Compostela, representaba para los
peregrinos un lugar para recuperar las fuerzas perdidas en las duras
jornadas por los Montes de Oca y continuar hacia Galicia. La familia
Pardo cuidaba del centro. En 1234 quedó integrado en el Hospital del
Rey. (Bibliografía)
Andrés, Alfonso «Valdefuentes y la familia Pardo» . Boletín de
Nota del autor de este artículo:
El espíritu del escrito emana, principalmente, de los contenidos que
conforman las páginas 62-73 de la publicación: Rubio de
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